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Jamie Cullum, el cantante, pianista y compositor británico más auténtico del pop-jazz actual, ha presentado la noche de este viernes en el Festival de Cap Roig en Palafrugell (Girona) su último álbum de estudio, “Taller”, y ha conquistado con su fuerza, personalidad y versatilidad a los más de 2.000 espectadores que han asistido al concierto.
Desde el primer minuto de su espectáculo, en mayúsculas, cuando ha salido tocando el piano de pie, con gafas de sol, ha conectado con una platea que no ha dejado de mostrarle su admiración en los más de 100 minutos que ha durado el concierto.
Tras un “¿Cómo estáis Cap Roig?” en catalán, ha seguido con un “gracias Cap Roig” en varias de sus canciones, y ha aprovechado para hacer una broma sobre las dificultades de la pronunciación de la erre: “Mientras otros practican el piano, yo practico el sonido de la ‘errrrrrre’ y la pronunciación de Roig, Roig, Roig”.
A “When I get famous” le ha seguido “Taller”, la canción en la que habla de su deseo de ser más alto pero no sólo físicamente, también de crecer como persona y que da nombre a su último y octavo álbum, en el que se muestra maduro pero sin perder su visible gran sentido del humor.
Ha seguido “Do you Know” y solo al piano ha interpretado “Drink”, una especie de balada en la que ha mostrado los colores y potencia de su voz subiendo y modelando a su gusto la intensidad del magnifico instrumento musical que son sus cuerdas vocales.
Esta referencia británica del jazz, que cumple 40 años este mes y descubrió su pasión por este género musical muy temprano, ya que empezó su carrera musical a los 16 años tocando en bares, restaurantes y clubes de su pueblo natal, ha creado un estilo muy personal y original que ha acercado el jazz a todo tipo de públicos gracias a su particular fusión con el pop y el soul.
Los sones suaves y melódicos combinados con un ritmo frenético y desenfadado han sido la tónica de una actuación en la que ha cantado, junto a sus dos coristas, bailado a placer y ha transmitido alegría a un público al que muy pronto ha puesto en pie.
Tampoco han faltado las originales versiones que hace de temas de grandes artistas como “New York, New York”, de Frank Sinatra, en la que a parte de tocar el piano lo ha utilizado como instrumento de percusión golpeándolo con sus manos, o “Sinnerman”, de Nina Simone, en la que la platea le ha regalado un largo y sentido aplauso.
Para acercarse todavía más a un público entregado, a mitad de actuación, este multiinstrumentista autodidacta ha bajado a las butacas y se ha paseado entre las miradas de admiración de un público rendido a un gran artista, versionando “Just a Gigolo”, una canción popular que Irving Caesar adaptó al inglés en 1929 de un tango austríaco.
Tampoco han faltado en esta enérgica e intensa velada de un talentoso Cullum, que ha dado muestras de su dominio de diversos instrumentos, de su fuerza vocal y del ritmo interminable de su cuerpo, canciones como “Mankind”, “Hard Times” o “Age of Anxiety”.
El británico, que ha derrochado energía, pasión y calidad en el escenario, ha deleitado junto a su piano, el que ha tocado sentado, arrodillado, de pie y dando botes, tanto en sus temas propios como en las distintas versiones de clásicos.
Este británico espontáneo, que ha tardado cinco años en sacar un nuevo trabajo de canciones propias, porque no acababa de quedar satisfecho de su trabajo, ha puesto fin a su actuación, momentáneamente, con “You and me are gone”.
Tras irse a penas dos minutos y reclamado por el público, ha aparecido solo, les ha saludado y sentado al piano iluminado con un foco y ha interpretado una canción dedicada a Cap Roig que ha sido recibida, de nuevo, con muchos aplausos.
El colofón final a una actuación de mucho mérito, en la que cada uno de los músicos ha tenido su solo y él ha jugado con los tempos de su voz y de las teclas del piano a placer, lo ha puesto con su versión de “I’ve got you under my skin”, de Frank Sinatra, que los asistentes han seguido en absoluto silencio.
Tras la última nota, con su simpatía natural, ha saludado de nuevo a la platea y ha desaparecido tras el escenario mientras el público seguía en pie, resistiéndose a poner fin a una potente y alegre velada que recordará durante tiempo.